Destacada |   Otras Carnes |   Febrero 16, 2021 4:51 pm

Cuando la genética ovina y caprina hacen la diferencia

Por Ganados y Carnes
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Varios productores agregan valor a la cría de animales menores a través del desarrollo cabañas, logrando mayor cantidad y calidad de carne. El caso de la cabaña “Pichi Maicono” de Arroyo Cabral, Córdoba, con las razas carniceras ovina Texel y caprina Boer.
cría de animales menores
Los pequeños productores encuentran en la cría de animales menores como los ovinos, una alternativa de producción para poder diversificar y aumentar sus ingresos económicos, cuando no pueden hacerlo por diferentes cuestiones a través de la agricultura o la ganadería bovina.

 

La cría de animales menores como ovinos y caprinos para la producción de carne, viene creciendo sostenidamente hace ya varios unos años en la región agrícola central.

Se da especialmente de la mano de pequeños productores que encuentran en la actividad, una alternativa de producción para poder diversificar y aumentar sus ingresos económicos, cuando no pueden hacerlo por diferentes cuestiones a través de la agricultura o ganadería bovina.

Es que el ingreso a la cría de animales menores como ovinos y caprinos es más accesible a nivel económico, logístico y de espacio, y permite lograr una buena rentabilidad.

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El desarrollo de reproductores de reconocidas razas carniceras permite lograr mejorar la genética con mayor cantidad y calidad de carne.
Mayor cantidad y calidad de carne ovina y caprina 

Incluso muchas veces la cría de ovinos y caprinos, llevó a varios productores a intentar dar un “paso más” en la actividad, agregándole valor a través del desarrollo de prestigiosas cabañas.

Así muchos establecimientos también trabajan en el desarrollo de reproductores de reconocidas razas carniceras, que permiten lograr mejorar la genética de sus majadas.

El mejoramiento genético permite obtener mayor cantidad y calidad de carne en la cría de animales menores, y a su vez ofrecer ejemplares a otros productores, diferenciándose en el negocio.

Cabaña “Pichi Maicono”, de Arroyo Cabral, con Texel y Boer

Uno de estos casos fue el de la familia Bergia, en la zona de la localidad de Arroyo Cabral, en el centro de la provincia de Córdoba.

En su establecimiento de producción mixta agrícola-ganadera, incursionó en 2009 en la cría ovina y caprina, fundando más tarde en 2013 la cabaña “Pichi Maicono”, de las razas carniceras ovina Texel y caprina Boer.

Para conocer la actualidad de la cabaña y de la actividad ovina y caprina, El ABC Rural dialogó con el médico veterinario Mariano Bergia, que luego del reciente fallecimiento de su padre Carlos, quedó como responsable del establecimiento.

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Mariano Bergia, responsable de la cabaña Pichi Maicono, junto a su padre Carlos, recientemente fallecido, en una de las tantas exposiciones que participaron con ejemplares de la raza ovina carnicera Texel.
Carne ovina con más sabor, precocidad y facilidad de esquila

“Los alquileres agrícolas habían aumentado mucho, e intentamos hacer un feedlot bovino, pero los números no eran los esperados, por lo que incursionamos con la cría ovina a campo para lograr corderos de consumo, a través de ejemplares criollos”, comentó Bergia.

“Luego, un productor nos recomendó la raza ovina Texel. Seleccionamos ese tipo de animales, que nos gustó mucho por sus características carniceras de sabor y precocidad, y mayor facilidad de esquila por tener despejada la panza, patas y cabeza, y emprendimos el camino de la cabaña ovina”, apuntó.

Como resultado en el sector ovino, indicó que “hoy contamos con unas 100 madres Texel de cabaña, y 250 de majada general comercial”.

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Ejemplares ovinos negros de la raza Texel de la cabaña Pichi Maicono con gran condición corporal y características bien carniceras.
Carne caprina con mayor precocidad y rusticidad

Prácticamente al mismo tiempo, contó el entrevistado, también desarrollaron la cabaña caprina a través de la raza Boer, adquiriendo ejemplares puros de pedigree en diferentes cabañas para ir mejorando la genética.

“Actualmente tenemos unas 15 madres Boer, una raza netamente carnicera, y muy rústica y precoz”, destacó. “A diferencia del ovino, solo contamos con ejemplares caprinos de cabaña, y no para consumo”, aclaró el responsable de la cabaña “Pichi Maicono”.

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Reproductor caprino macho Boer de la cabaña Pichi Maicono, raza que ofrece gran cantidad y calidad de carne.
Desarrollo del cordero pesado para góndola 

-¿Cómo realizan la comercialización de corderos para consumo?

-Directamente se ofrecen al consumidor de la zona de Villa María. Pero estamos trabajando con diferentes asociaciones de productores y cooperativas de la zona para el desarrollo de frigoríficos de corderos pesados.

-¿Cómo es hoy el resultado económico de la actividad ovina y caprina?

-Positivo, ya que se viene logrando una rentabilidad acorde a la inversión, con mucha demanda de consumo.

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El consumidor tendría que encontrarse en la góndola con chuletas, lomitos, cuartos, costillas o paletas de cordero, sin tener que comprar el cordero entero como se vende tradicionalmente.

-¿Cuál es el desafío a mediano plazo de la actividad?

-Lograr desarrollar el cordero pesado, para poder lograr cortes e imponerlo en el mercado como carne alternativa. Esto es una cuenta pendiente que tenemos los productores ovinos, algo que ya logró el cerdo en los últimos años, y que esperemos que podamos nosotros también hacerlo lo antes posible, y así ofrecer carne ovina de alta calidad en las góndolas.

En ese sentido, Bergia, graficó que “hay mucha gente que quiere consumir carne de cordero y no puede comprar el animal entero, ya sea por una cuestión económica o de espacio, porque si no se cocina en el momento hay que tener mucho lugar para poder conservarlo en un freezer”.

Pero apuntó que “si el consumidor se encontrara en la góndola con chuletas, lomitos, algún cuarto, costilla o paleta de cordero, el menor volumen le permitiría poder adquirirlo con mayor facilidad, sin tener que comprar el cordero entero como se vende tradicionalmente”.

En el caso del chivito, el entrevistado dijo que la situación es diferente, “porque culturalmente los argentinos estamos acostumbrados a comer el animal entero, y el desarrollo del chivo pesado quedará para más adelante”.

El ABC Rural

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